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El Tesoro del Temible Albino García

Victoria de Cortazar, Guanajuato
Imagen: 

De excursión a la cúspide del legendario cerro de Culiacán, con motivo de las fiestas de Mayo en honor a la Santa Cruz, sentado bajo una encina de grueso tronco y verde follaje, en un paraje conocido como "La Silleta", un viejo chivero se unió transitoriamente al grupo de sombreadores qué nos encontrábamos y cantó este relato que tal como la recuerda mi mente reproduzco.

El primer período de la guerra dé Independencia había terminado con la muerte de las heroicos defensores de la libertad, Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez. En algunos poblados de la región del bajío de nuestro estado, se dejaba sentiría presencia de un guerrillero nacido en Cerro Blanco, hacienda o ranchería que administraba Salamanca.

Albino García, buen caballerango, hábil con la reato y famoso por sus "rondas", el más activo y temible guerrillero que produjo la insurrección. Estaba manco a consecuencia de la caída de un caballo.

En la larga lista de combates destaca la que viene a cuento, Una 'conducta' de los realistas, en pleno Salamanca, él domingo 12 de abril de 1812.

Habiendo reunido toda su gente, exaltados por el atractivo de tan cuantioso botín, acudieron sin tardanza entre cuatro y cinco mil hombres.

Atacó una largo recua de mulas, que caminando ocupaban una legua, eran cerca de cinco mil con diversas cargas, algunos valores poro pagos. Parque para a tropa mercancías varias, etc.

Este importante cargamento lo llevaban de Querétaro a Silao, en donde debería repartirse a Guanajuato, León y Guadalajara. Todo custodiado por mucha tropa al mando de varios oficiales.

Con García al frente, los insurgentes iniciaron el fuego no solo fuera de la población sino desde las boca-calles y azoteas, tomando parte hasta mujeres. Los arrieros despavoridos huyeron dejando las mulas solas, éstas caían muertas o corrían espantadas por las calles aumentando el desorden, las soldados tenían qué escoger entre levantar las cargos caldas a atender la defensa.

Habrían avanzada más de cuatro leguas del pueblo cuando el avisaran al General que el cordón de las cargas había sido cortado par las insurgentes y que se habían apoderada de muchas de ellas.

Con tan espléndido botín y provistas de un atajo de mulas y arrieros, Albino García y varios hombres de su confianza tornaran el camina que conducía a Yuririahpúndaro, abandonándolo enseguida para continuar por senderas desconocidas para otros, no para García, que con frecuencia visitaba el cerro de Culiacán, conociendo como la palma de su mano, cuevas, pasajes subterráneo y veredas, contando además con buenas relaciones entre los naturales de aquellos lugares

Con todo género de precauciones en una de las múltiples cuevas de la pintoresca barranca del "surco" fue depositado el botín.
Un carbonero que por ahí se encontraba creyó oír en la oscuridad gritos desgarradores y detonaciones de armas de fuego, se encomendó o Dios, se persignó devotamente y emprendió el regreso más que de prisa.

El 8 de junio del mismo año, en la ciudad de Celaya, Albino García, su hermano Francisco y Pineda, oficial, fueron fusilados separando del cuerpo del primero la cabeza y las extremidades superiores.

Pasando algún tiempo de la ejecución el carbonero volvió a internarse en la barranca buscando entre la hierba silvestre y las rocas, Después de varios intentos y haber bajado más y más en la barranca dio con una cueva en donde había varios esqueletos y en la roca pintada con sangre una calavera con dos canillas en forma de cruz y esta leyenda:

"SI QUIERES EL FABULOSO TESORO DE ALBINO 
GARCÍA, JUNTA PRMERÓ LAS PARTES DE SU CUERPO, 
DALES CRISTIANA SEPULTURA CON LAS OTRAS PARTES 
Y VEN LUEGO A RECOGER LO QUE MANO 
DESCONOCIDA TE MOSTRARA, ESTA CUEVA ES SOLO 
UN ESCALON PARA LLEGAR A LA META"

Bibliografía: "La Insurrección de 1810 en el Estado".- Autor: Prof. Fulgencio Vargas Ortiz - Editor: Eusebio Gómez de la Junta.- México 1909.- 'Salamanca.- José Rojas. - Edit. Porrúa, México, DF 1982
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El Hombre Misterioso (Albino García)

Victoria de Cortazar
Imagen: Retrato hecho por el Profr. Fulgencio Vargas Ortiz.

Extendida la noticia del fusilamiento de Don Albino García, y pocos días después, los habitantes del Culiacán, empezaron a notar la presencia de un desconocido que en las inmediaciones de la barranca "del surco", se detenía aquí y allá como examinando cuidadosamente los accidentes del terreno, como si tratan de encontrar las huellas de una senda, por él recorrida ya hacía tiempo.

¿Quién era ese hombre misterioso y qué buscaba?, nadie hubiera contestado ésta pregunta, si este hombre que vivió por algún tiempo en la montaña, casi a la intemperie, andrajoso y hambriento y por fin paralítico por la desnutrición, no hubiera sido encontrado por algunas almas buenas que lo llevaron caritativamente a lomo de caballo, el rancho más importante de entonces, San Nicolás de los Agustinos. Como es de suponer los caritativos hombres pensaron de inmediato llevar al enfermo, con el sacerdote del lugar apellidado el Padre Corrales religioso agustino que se dedicaba con gran celo a las obras de Pastoral y de Caridad con sus feligreses. Don Ignacio Guerrero, hombre de edad y de muy agradable carácter, desempeñaba en el lagar, el oficio de barbero y hasta de medico y licenciado, materias en las que tenía algún conocimiento. Este señor conocido como Don Nacho, era muy amigo del Padre Corrales, detalle importante para entender los sucesos.

Era una tarde muy fría y lluviosa cuando llegó el hombre tullido llevado por los desconocidos a la vivienda del Padre Corrales en busca de albergue y auxilio. De salud endeble y notando que se acercaba su final, aquel hombre misterioso hizo una confesión al Padre Corrales en la siguiente forma; "Padre, desprenda de mi cuello una pequeña bolsa y dentro de ella encontrará un pedazo de papel amarillento con la descripción exacta del sitio que guarda las riquezas de Don Albino García, encontrando por supuesto en el mismo los medios para orientarse. Lea usted el papel, e infórmese del contenido para que cuando yo muera, visite al Culiacán y recoja del escondite que está en la barranca del surco, pues es mi voluntad que usted lo acepte para que haga de él, el uso, que mejor le convenga, de acuerdo con los sentimientos humanitarios que le caracterizan; sin olvidarse de dedicar una parte de esa fortuna a las necesidades de mi pobre alma que ahora más que nunca se acoge a la bondad de usted, y por su mediación, a la misericordia divina.

EL PADRE CORRALES

El caritativo Padre Corrales que recibió al desconocido y de él, el relato preciso sobre la cueva del tesoro, abrió el papelillo amarillento por la mugre y por el tiempo que lo tuvo en su cuello el desconocido, fué el primer testigo ocular junto con Don Ignacio, que localizó el lugar preciso de la cueva del tesoro.

Tan pronto hubo terminado la lectura del papelillo, se aprestó a escuchar la confesión del desconocido, que comienza a entrar en agonía y por lo corto de la misma, sólo pudo pronunciar éstas misteriosas palabras: 'La cueva de los cadáveres es un escalón para llegar a la meta." y expiró.

Tan pronto el Padre Corrales y Don Ignacio hubieron sepultado al hombre desconocido, se apresuraron para arreglar su viaje al Culiacán y encontrarse con el lugar indicado tan precisamente por el misterioso recado. Varios días estuvieron intentando de la noche a la mañana y sólo llegaban a la puerta de la gruta, que desde ahí perdía toda huella. Por último decepcionados y cansados de la lucha por lo imposible desistieron de la empresa. Muerto el Padre Corrales, toca a Don Ignacio guardar el papelillo amarillento quien por no tener ya compañía para realizar el plan, lo entrega solemnemente a su compadre cuyo nombre no se conoce pero que vivía en Jaral del Progreso. Entusiasmado el compadre por la inesperada fortuna que se le ofrecía reunió a cuatro o cinco de sus allegados, con el corazón lleno de ilusiones en la casi segura realización de ellas.

Al principio los trabajos de estos visitantes resultaron infructuosos y hasta temían que al fin tenían que desistir como el Padre y Don Nacho, pero sucedió que uno de los acompañantes trató de cazar alguna buena pieza y se encontró sólo con una torcaza a la que hirió y ésta en su afán de defensa se introdujo en el agujero de una roca. El cazador tratando de ensanchar la abertura de la roca utiliza un machete con el que se apoderaría fácilmente de su presa; pero con gran asombro nota que la abertura se comunica con un lugar espacioso, que bien pudiera ser el buscado con tanto esmero. Da aviso a sus compañeros los que después de reunirse y confrontar lo sucedido con el relato del papelito, se entregan con ardor y seguridad a la apertura de la mencionada cueva de la que al fin logran quitar la piedra que obstruye la entrada de la señalada gruta.

Cansados por el trabajo aunque satisfechos por el encuentro decidieron aplazar la obra para unos días más mientras encontraban nuevos ayudantes de seguridad y confianza y luego útiles para remover las rocas. Poco después y habiendo reunido nuevos colaboradores reanudan la tarea de remover los escombros de la entrada que por fin se les abre de par en par. Pero tal parece que a grandes ilusiones corresponden grandes desalientos. Entran corno en bandada y tropezándose unos a otros sobre el agujero de la roca pero tan pronto como entran salen despavoridos temblando y con manifiestas señales de pavor que indicaban a las claras un hallazgo macabro. Allá en el interior de la caverna lúgubre habían visto diseminados a flor de tierra, como un cementerio lleno de restos mortales, varios esqueletos en posiciones diversas; y en el fondo dibujada sobre la pared una enorme calavera y dos canillas en cruz, que hacían referencia a la cabeza y a las manos de Don Albino García, diseminadas por distintas partes del Estado de Guanajuato; y a mitad del pavimento de la cueva como dominando un cuadro de ultratumba, se encontraba un panal con mango negro de madera, sujetando un hilacho podrido, en el cual podían leerse estas palabras escritas con sangre:

"Si quieres encontrar los fabulosos tesoros de Don Albino García, Junta primero las partes de su cuerpo, cuyas figuras ves pintadas en el fondo de esta cueva; dales cristiana sepultura con las otras partes de sus huesos y ven después a recoger lo que una mano desconocida te mostrará. La cueva de los cadáveres sólo es un escalón para llegar a la meta".

Pasa el tiempo y lo inexorable del mismo y los deslaves de tierra, rodeados de roca y fronda que aparecen, han formado enormes aludes que irremediablemente han borrado la entrada de la fabulosa cueva.

P. Miguel Martínez Martínez. 
Relato extraído de Don Fulgencio Vargas
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Victoria de Cortazar, Gto
 

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